Los tratamientos biológicos para la psoriasis

Las bioterapias han revolucionado la forma de tratar la psoriasis. Aparecieron hace unos veinte años y su desarrollo es constante: ahora mismo hay más de una decena en el mercado y se espera que se comercialicen unos cuantos más durante los próximos años.

Tratamientos biológicos para la psoriasis: ¿qué son?

Son unos tratamientos innovadores y caros que se administran por vía inyectable y que deben conservarse en la nevera. Se trata esencialmente de los llamados anticuerpos monoclonales que actúan específicamente en una molécula de la inflamación, como puede ser el TNF-alfa o la IL-23, y más recientemente la IL-17. Al bajar los niveles de las moléculas responsables de la inflamación cutánea y/o articular, estos medicamentos reducen la actividad de la psoriasis.  

Los tratamientos biológicos para la psoriasis están dirigidos a personas con psoriasis cutánea y/o articular en caso de fracaso, contraindicación o intolerancia a los otros tratamientos disponibles para tratar la enfermedad. El tratamiento debe iniciarse en un entorno hospitalario y supervisarse de cerca por un dermatólogo o reumatólogo, dependiendo del tipo de psoriasis. Las inyecciones suelen realizarse en casa, cada semana, cada dos semanas o incluso cada mes en función de los protocolos. Pincharse uno mismo no siempre es fácil, pero siempre podemos pedir ayuda a un ser querido o a una enfermera.

Eficacia y efectos secundarios de las bioterapias

Eficiencia espectacular

La eficacia de los tratamientos biológicos para la psoriasis suele ser espectacular, como si la enfermedad hubiera desaparecido totalmente, para siempre. Pero lo cierto es que sigue ahí, por eso hay que seguir con el tratamiento durante muchos años, e incluso a veces de por vida. Las bioterapias se pueden combinar con tratamientos locales u orales para reforzar su eficacia.

¿Qué efectos secundarios relacionados con las bioterapias?

Como todo medicamento, las bioterapias no están exentas de posibles efectos secundarios: entre otros, existe un mayor riesgo de infección debido a la disminución de las defensas inmunitarias. ¡Pero que no cunda el pánico! Con solo seguir una serie de normas de sentido común, como lavarse las manos periódicamente o vacunarse contra la gripe, se reduce este riesgo. En caso de fiebre, hay que ponerse rápidamente en contacto con un médico.

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