Cuidados que cambian la vida diaria

Resequedad en el cuero cabelludo, no la confundas con la caspa

El pelo, al igual que la piel, necesita de cuidados para prevenir la aparición de molestias como la resequedad en el cuero cabelludo, una condición que provoca comezón y enrojecimiento, señales de que debes poner mayor atención a esta parte de tu cuerpo. 

El cuero cabelludo es la piel que cubre el cráneo, está formado por tejidos suaves que le dan sus cualidades de elasticidad y resistencia. Dicha estructura posee diferentes capas, la segunda capa contiene el bulbo piloso que detiene el pelo. 

Tiene varias funciones, entre ellas, crear una barrera física contra agentes externos, servir como aislante térmico y brindar una protección inmunológica. Además, realiza un proceso de renovación celular que dura alrededor de tres semanas. 

¿Qué es la resequedad en el cuero cabelludo?


El cabello, cuya función es proteger la cabeza, está formado por una parte visible ubicada encima de la piel que se conoce como tallo del pelo.

La producción del cabello ocurre en el folículo piloso, la base de dicha estructura tiene un bulbo, en donde se encuentra la papila dérmica, por donde pasan vasos sanguíneos que aportan los nutrientes y el oxígeno necesario para que el pelo crezca sano y fuerte. 

La unidad pilo sebácea está constituida por el folículo piloso y la glándula sebácea, la cual produce sebo, es decir, la humectación que mantiene al cuero cabelludo protegido, evitando que surjan afecciones, en este caso, la resequedad en el cuero cabelludo.
 
Se trata de un padecimiento que surge cuando la humectación natural del cuero cabelludo sufre alguna alteración, es decir, no produce ni retiene suficiente humedad, quitándole el aspecto saludable al pelo. 

El sebo del cuero cabelludo es su hidratante natural, se encarga de proteger las fibras capilares y mantener sano el ecosistema bacteriano que le da equilibrio a la piel cabelluda, por eso es importante que dicha grasa se produzca en cantidades suficientes. 

La falta de humedad deteriora la capa que protege al cuero cabelludo, esto favorece que las sustancias nocivas entren con mayor facilidad en la piel y se produzcan micro-inflamaciones que incrementan la irritación y la comezón. La inflamación también está presente en otros trastornos como la caspa. 
 

¿Qué causa el cuero cabelludo seco?


Existen varias causas que provocan esta irregularidad cutánea, algunas de ellas se asocian a padecimientos como la dermatitis atópica o la psoriasis, la genética de cada persona, los cambios hormonales y una ingesta deficiente de vitaminas y minerales. 

Ciertos factores como la contaminación y el estrés provocan un grado elevado de sensibilidad en el cuero cabelludo, así como la sensación de sequedad e incluso,  dolor al tacto. 

La contaminación cubre el pelo con partículas que lo dañan y lo hacen ver opaco, además genera radicales libres que modifican la estructura del cuero cabelludo y afectan el bulbo piloso, por lo que el cabello pierde su luminosidad y resistencia.

Otras causas del cuero cabelludo reseco son la aplicación de shampoos demasiado agresivos, el uso constante de aparatos que emplean calor para estilizar el pelo, la radiación solar y pasar mucho tiempo en albercas con agua clorada. 

 

¿Cómo se ve la resequedad en el cuero cabelludo?


Si el cuero cabelludo está sano y nutrido se refleja en el pelo, que será resistente y con un brillo natural. De lo contrario, es posible que aparezcan signos como la comezón, el enrojecimiento, una sensación de tirantez y la descamación. 

La mayoría de las veces la comezón hace que las personas se rasquen constantemente, lo que daña más al cuero cabelludo; esto puede convertirse en la raíz de otra afectación: la caída del pelo. 

¿Cómo quitar la resequedad en el cuero cabelludo?


Para tratar de manera adecuada el cuero cabelludo seco, el primer paso es detectar qué ocasionó esta condición, por ejemplo, cambios bruscos de temperatura o situaciones de mucho estrés. 

Después es recomendable acudir con un especialista para que determine la causa con mayor exactitud. Entre las soluciones sugeridas está el uso de shampoos especiales que ayudan en el alivio de la resequedad y comezón de la piel cabelluda. 

Uno de los shampoos más recomendados es Sensinol de Ducray, un producto tratante fisioprotector que ayuda a calmar las molestias como la comezón en el cuero cabelludo, entre sus principales bondades está el confort inmediato y su fórmula hipoalergénica de alta seguridad. 

Algunos activos de este shampoo son el polidocanol, una sustancia que brinda beneficios anestésicos y antipruriginosos (que disminuye la comezón), por lo que está presente en muchos productos de aplicación tópica. 

Sensinol también contiene una base limpiadora muy suave que no irrita el cuero cabelludo y mantiene su humectación natural, por lo que es seguro utilizarlo tres veces por semana. 

 

¿Cómo diferenciar el cuero cabelludo seco y la caspa?


Durante el proceso de renovación del cuero cabelludo, las células muertas se desprenden formando escamas tan pequeñas que no se observan a simple vista; sin embargo, hay ocasiones en que dichas células se acumulan y se vuelven visibles, dando lugar a lo que conocemos como caspa. 

En ocasiones, los copos de color blanco que produce la caspa suelen confundirse con resequedad; sin embargo, son condiciones distintas. La primera es una descamación excesiva provocada por un hongo y la otra se debe a la falta de hidratación. 

La caspa aparece por la proliferación anormal de un hongo de la familia de la Malassezia spp., que genera una renovación rápida de las células de la piel, formando escamas que al desprenderse, parecen pequeños copos de nieve que escapan del pelo. 

Al rascarse el cuero cabelludo las personas provocan que las células muertas se desprendan con mayor facilidad, en forma de pequeños puntitos de color blanco; mientras que las escamas de la caspa son más grandes y de un tono más amarillento. 

Por otra parte, la caspa no solo aparece en el cuero cabelludo seco, también afecta a las personas que tienen la piel cabelluda grasa. Algunos factores que la provocan son el estrés, antecedentes genéticos y consumo de ciertos medicamentos.