Los cuidados que cambian tu día a día

Acné

Famoso entre los adolescentes, aunque también entre los adultos, el acné no pasa desapercibido: puntos negros, puntos blancos, imperfecciones rojas... Son una gravedad real, y deben tomarse en serio por el impacto psicológico que pueden tener y las cicatrices que pueden dejar.

Qué es el acné y cuáles son sus causas?

Muy a menudo entre los adolescentes (el 80 % de ellos lo sufren), el acné puede afectar también a los bebés («acné del lactante») y a los adultos, especialmente a las mujeres jóvenes, ya que se estima que el 20 % de ellas presenta una forma de acné específica que denominamos «acné de la mujer adulta».
 
Se trata de una enfermedad crónica de la piel y, más concretamente, de un anexo de la piel que denominamos folículo pilosebáceo (pelo + glándula sebácea). La glándula sebácea es responsable de la producción de sebo, mezcla de lípidos, esencial para proteger a la piel de las agresiones externas y asegurar su suavidad.

Bajo influencia hormonal, especialmente en la adolescencia, este sebo se produce en grandes cantidades con en una textura demasiado espesa. El sebo se relaciona con un aumento de la proliferación celular del folículo, provocando una obstrucción del orificio de los folículos pilosebáceos (= poros de la piel) y, en consecuencia, en la aparición del acné.

Una bacteria denominada Cutibacterium acnes o C.acnes, vive de manera completamente normal sobre la piel de cualquier persona, la cual tiene también un papel principal en la aparición del acné.

Bajo influencia hormonal y en base a las modificaciones del sebo, la población de estas bacterias se ve modificada estimulando la aparición de lesiones de acné.

Acné: formas y síntomas

En función de la importancia de los diferentes parámetros anteriores, el acné puede adoptar varias formas y se manifiesta a través de diversos síntomas: 
  • El acné llamado «retencional», caracterizado por una piel brillante, poros dilatados, puntos negros (comedones) y puntos blancos (microquistes).
  • El acné llamado «inflamatorio», con presencia de imperfecciones rojas: pápulas, pústulas incluso nódulos, en función de la profundidad de estas imperfecciones en la piel. 
  • El acné llamado «quístico», definido por el desarrollo de quistes, está relacionado con las imperfecciones inflamatorias no tratadas o mal tratadas.
  • El acné conglobata y el acné fulminans son las formas de acné más graves aunque afortunadamente son los más raros.
 
El acné afecta fundamentalmente a la cara, aunque puede hacerlo también a la frente, a la espalda, a la parte posterior del cuello, el frente del tórax y glúteos.

El riesgo principal de esta patología es la aparición de cicatrices, pudiendo persistir después de la adolescencia, especialmente en los casos de acnés inflamatorios.

Factores agravantes del acné

Existen numerosos factores externos o medioambientales, como el estrés, la contaminación, el sol, los productos cosméticos no adecuados o demasiado frecuentes… pueden tener un efecto negativo sobre la piel acneica.
 
  • En verano, bajo el efecto del sol, la piel se vuelve más espesa y el acné parece mejorar. Pero no es más que una sensación. Cabe prestar atención al efecto rebote a la vuelta. El sol es un falso amigo del acné por lo que resulta indispensable, pues, protegerse desde las primeras exposiciones.  
  • Sobre una piel grasa o acneica, los productos cosméticos demasiado grasos o los productos de maquillaje con demasiado poder cubriente tienen tendencia a favorecer la aparición de máculas que participan en la obstrucción de los poros. Los productos irritantes o las exfoliaciones demasiado frecuentes (más de una vez por semana) suelen estimular la producción de sebo y la inflamación, agravando así el acné.
  • El papel de la alimentación en la aparición o empeoramiento del acné es controvertido. Numerosos alimentos, como el chocolate o la embutidos, han sido señalados con el dedo durante mucho tiempo. Tras los últimos datos científicos, la leche y los alimentos con azúcar serían los candidatos más firmes a influir en la aparición o en el empeoramiento del acné. Más allá de la lucha contra el sobrepeso y la comida chatarra, no hay ninguna dieta concreta que podamos aconsejar.
  • El estrés y el tabaco aparecerían también como influencias negativas en la producción de sebo y, por tanto, del acné.

Primeras imperfecciones: ¿qué hacer?

Con la aparición de las primeras imperfecciones, hay que adoptar una serie de buenos hábitos:
  • No tocar o manipular dichas imperfecciones
  • Utilizar productos de limpieza suaves con fórmulas especiales para pieles con tendencia acnéica
  • Maquillarse con productos adecuados que indiquen «No comedogénicos»
  • Usar productos de afeitado y lociones de masaje sin alcohol
  • No exponerse al sol sin la protección solar adecuada
 
También es importante acudir al dermatólogo, especialista de la piel. El acné es una patología crónica, por lo que podrá prescribirse un tratamiento médico que mejore la patología y reduzca su empeoramiento. En función de la severidad, del tipo de acné y de otros criterios (antigüedad, edad, etc.) será más indicado un tratamiento local, un tratamiento oral o una combinación de ambos.

La piel a veces puede debilitarse a consecuencia de estos tratamientos (sequedad, enrojecimiento, malestar…) y sus efectos no deseados pueden ser compensados con cuidados dermocosméticos hidratantes adecuados. El médico también podrá prescribir productos dermocosméticos anti-imperfecciones o recibir consejos en la farmacia.
 
Para controlar el acné de forma rápida y evitar las cicatrices, hay que tener paciencia y seguir en todo momento la prescripción médica y los consejos de los profesionales de la salud.