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¿Qué es el eczema del lactante?

Cuando aparecen placas rojas en el cuerpo y la cara del bebé, los padres se suelen asustar bastante y surgen las preguntas: ¿Qué son esas manchas? ¿A qué se deben? ¿Qué hacer para aliviar los síntomas de mi hijo? Frecuentemente, los padres preguntan a la familia, a los amigos, buscan en Internet… y cada uno aporta su propia idea, su pequeño comentario, lo que no hace otra cosa que agravar el estrés de los padres.

Eczema en bebés y niños: las zonas afectadas más corrientes

El eczema del lactante más frecuente es el eczema atópico: una forma de eczema que se transmite genéticamente y que se caracteriza por la pérdida de la función de barrera protectora de la piel.

Las placas se localizan en diversos puntos indistintamente: en el caso de los niños de menos de 2 años, las lesiones se localizan fundamentalmente en las mejillas, las caras externas de los brazos y piernas y en el tronco; tras los 2 años, las lesiones afectan sobre todo a los pliegues, tanto las mayores (rodillas, codos, cuello…) como las de menor tamaño (labios, párpados, orejas…).

El eczema atópico va unido en ocasiones a un eczema de contacto, cuando el niño desarrolla una alergia cutánea a una sustancia concreta. 

Eczema de bebé, ¿cuándo hay que acudir al médico?

El pequeño está cubierto de placas rojas, supura, se muestra gruñón, se mueve para frotarse la piel y se rasca a su manera, y toda la familia acaba cambiando en torno al eczema del bebé: los padres ya no saben qué hacer, no saben qué pensar, no duermen, comienzan a cambiarlo todo en la casa, se plantean seriamente cambiar el tipo de leche…

¡Alto! La primera cosa que hay que hacer es consultar a un médico: de cabecera, pediatra o dermatólogo, según el caso. No sirve de nada acudir directamente a un médico alergólogo. El eczema no es una enfermedad alérgica propiamente dicha. El médico emite el diagnóstico sobre el eczema del lactante y prescribe los primeros tratamientos, fundamentalmente dermocorticoides para luchar contra la inflamación y los emolientes para hidratar y reforzar la piel.

De vuelta a la casa, los padres se encuentran en primera línea ya que son ellos lo que deben aplicar el tratamiento diario de manera correcta. En particular, no deben tener miedo de aplicar distintas cremas. Su función es aliviar al niño y no causarle ningún daño. En particular, los dermocorticoides se utilizan en medicina desde hace más de 70 años y sus efectos secundarios en la piel (como el adelgazamiento de la misma, el acné, los problemas de pigmentación o el retraso en la cicatrización) son muy poco frecuentes en las dosis utilizadas en el tratamiento del eczema. 

Los padres también deben ser capaces de reiniciar el tratamiento antiinflamatorio ante un nuevo episodio, y de estar atentos a una posible modificación o persistencia de las lesiones: si esto se produce, deben
visitar al médico de nuevo.

¿Qué jabón utilizar para el eczema del bebé?

La higiene es un aspecto esencial en el cuidado de un bebé afectado por eczema. No debe ser más intensa ya que el eczema no es algo sucio o infeccioso. El médico o el farmacéutico pueden orientarle a la hora de elegir un producto de lavado.

Los jabones tradicionales (jabón de Marsella, jabón de Alepo…) están hechos a base de productos naturales, sin conservantes ni colorantes o aromas añadidos. A primera vista, son interesantes en caso de hipersensibilidad de la piel y «de alergia a todo» pero tienen tendencia a secar la piel y a destruir la película hidrolipídica (película protectora en la superficie de la piel).

Lo ideal es sustituir los jabones tradicionales por jabones supergrasos, syndets («jabones sin jabón») o aceites limpiadores, sin ingredientes alergénicos o irritantes para reducir el riesgo de sensibilización y de reacción cutánea.

Las duchas no deben ser ni demasiado largas, calientes ni frecuentes. Debe hacerse con la mano, sin frotar. A continuación se debe secar al niño suavemente con una toalla de algodón o de microfibra, siempre sin frotar y absorbiendo con delicadeza.

Eczema de bebé: ¿cuáles son los hábitos a adoptar?

En relación con las adaptaciones necesarias realizadas en el entorno del bebé en caso de eczema solo cabe un único término: el sentido común. No hay nada prohibido, nada se impone y, sobre todo, ninguna medida permite por sí sola garantizar la desaparición pura y simple de la enfermedad. Si el niño es feliz jugando en la alfombra con forma de circuito de carreras, no tiene sentido quitar la alfombra, bastará con sacudirla y aspirarla regularmente.

A su vez, si el bebé toma su leche con normalidad y no sufre ningún trastorno digestivo, es inútil cambiar la alimentación con el consiguiente riesgo de alterar al niño. Su equilibrio debe primar por encima de lo demás.  

 

Recuerde

El eczema de bebé constituye una alteración de la vida de toda la familia. Los padres se encuentran en primera línea a la hora de aplicar los tratamientos y aliviar los síntomas del niño y deben evitar buscar culpables o cambiarlo todo en la casa.

Sí es necesario, en cambio, adaptar un mínimo el entorno del bebé, no para hacer desaparecer totalmente el eczema, sino para limitar el riesgo de episodios.