La lucitis estival o alergia al sol

Las lucitis son fotodermatosis, es decir, enfermedades de la piel relacionadas con la exposición al sol. Se presentan principalmente durante los meses de buen tiempo, de ahí el término lucitis estival o lucitis solar. Hay varios tipos de lucitis, pero todas tienen en común la presencia de lesiones rojas y picor que puede llegar a ser muy intenso. La mayoría de las veces, el diagnóstico de lucitis es clínico, basado en un interrogatorio preciso al paciente y un examen completo de la piel. El tratamiento de la lucitis cumple a la vez una función curativa, para proporcionar un alivio rápido, y una función preventiva, para evitar las recidivas.

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Contenido

¿Cuáles son las principales formas de lucitis?

Los dos tipos principales de lucitis son:

La lucitis estival benigna

Este tipo de lucitis es bastante frecuente y afecta sobre todo a mujeres jóvenes de entre 25 y 35 años. Las lesiones de la lucitis estival son muy pruriginosas y se presentan en forma de granitos rojos que aparecen a las doce horas de la primera gran exposición al sol del año. Los granos de la lucitis se concentran principalmente en el escote y los antebrazos. La cara no se ve afectada. Al dejar de exponerse al sol, la lucitis estival benigna mejora en pocos días. El verano suele transcurrir sin problemas, ya que la piel se acostumbra al sol. En cambio, la lucitis estival benigna tiende a repetirse de año en año.

La lucitis polimorfa

Esta lucitis es más rara que la lucitis estival benigna. Afecta tanto a hombres como a mujeres, de cualquier edad. Como su nombre indica, la lucitis polimorfa va acompañada de lesiones de tamaño y aspecto variable: granos pequeños, granos grandes, placas rojas de aspecto similar a la urticaria o al eczema... Las lesiones aparecen a los dos días de exponerse al sol. La lucitis polimorfa es predominantemente una lucitis facial, aunque también pueden verse afectadas otras partes del cuerpo, como los brazos. Al dejar de exponerse al sol, la lucitis polimorfa mejora, pero esta vez el problema persiste durante todo el periodo de sol. También en este caso, existe el riesgo de que la lucitis reaparezca o incluso empeore de un año a otro.

¿Cuáles son las causas de la lucitis estival?

Una pregunta que suele surgir en los casos de lucitis es: ¿por qué pica? La lucitis se ve inducida por el sol. Más concretamente, la lucitis es una alergia al sol, de ahí que aparezcan granos y picor.

La lucitis estival benigna depende de los ultravioletas de tipo A (o UVA) mientras que la lucitis polimorfa depende de los ultravioletas de tipo B (o UVB).

En el desarrollo de la lucitis también pueden estar implicados factores genéticos.

¿Cómo tratar la lucitis estival?

El principal tratamiento para la lucitis estival es, por supuesto, dejar de exponerse al sol.

Lo más frecuente es que el médico recete antihistamínicos orales y corticoides tópicos para aliviar el picor y las molestias de la persona que padece lucitis. Además, se pueden usar cuidados dermocosméticos específicamente formulados para limitar el picor asociado a la lucitis y aumentar el confort de la piel.

El tratamiento de la lucitis estival es también preventivo. De hecho, en cuanto llega el buen tiempo, se recomienda aplicar cada dos horas un producto de protección solar muy eficaz contra los rayos UVA y UVB. Hay que evitar exponerse al sol entre las 12:00 y las 16:00, llevar ropa que cubra el cuerpo, gafas de sol y sombrero. Estas pequeñas reglas de fotoprotección suelen completarse con tratamientos orales: complementos alimenticios fotoprotectores, a base de carotenoides por ejemplo, y antimaláricos de síntesis (bajo prescripción médica) en determinados casos. A veces se propone realizar sesiones de fototerapia.

¿Cómo tratar la lucitis de forma natural?

Para aliviar el picor asociado a la lucitis, se puede aplicar frío en las zonas afectadas: agua termal, el dorso de una cuchara, un abanico, una bolsa de guisantes congelados...

En caso de lucitis, puede recurrirse a algunos tratamientos naturales, como los protocolos homeopáticos.

En cuanto a la alimentación, conviene tomar muchos antioxidantes, presentes en gran cantidad en frutas y verduras, así como omega-3, presentes en el aceite de colza, el aceite de lino, el aceite de camelina y pescados grasos como las sardinas o la caballa.

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