La sudoración y el estrés, ¿causa evidente?

Las causas de la hipersudoración no siempre son fáciles de percibir. En cualquier caso, el estrés está claramente establecido como un factor contribuyente.

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Contenido

El estrés y la sudoración están estrechamente relacionados

Se trata de una reacción inmediata del cuerpo ante un estímulo emocional como el miedo, la ansiedad, el placer... Ante el estrés, puede desencadenarse un fenómeno de sudoración en todo el cuerpo, y principalmente en la cara, las palmas de las manos, las plantas de los pies y las axilas.

Los latidos del corazón o el sudor son dos ejemplos, entre otros, de fenómenos que escapan totalmente a nuestro control. La sudoración está gestionada por el sistema nervioso autónomo, también llamado sistema neurovegetativo. En respuesta a una situación emocional, como el estrés, este sistema nervioso libera ciertas hormonas llamadas catecolaminas.

Las catecolaminas también se conocen con los nombres de adrenalina, noradrenalina o dopamina. Su nivel en la sangre aumenta provocando cambios fisiológicos, entre ellos una sobreexcitación de las glándulas sudoríparas, responsables de la secreción de sudor.

El estrés y la sudoración, un mecanismo inmediato

Una característica llamativa de la sudoración relacionada con el estrés es la rapidez con la que aparece en comparación con la sudoración inducida por el calor o el esfuerzo físico. A diferencia de la sudoración que permite regular la temperatura corporal, la sudoración emocional puede desencadenarse independientemente de la temperatura ambiente, en situaciones de estrés que se dan en la vida cotidiana.

Sudores fríos

La liberación de las hormonas del estrés, las catecolaminas, provoca la vasoconstricción, es decir, la reducción del diámetro, de ciertos vasos sanguíneos.
La temperatura del cuerpo se enfría inmediatamente por la evaporación del sudor, lo que por otra parte se conoce comúnmente como los sudores fríos.

Ante todo, es primordial comentarlo a su médico. Hay muchas soluciones disponibles que permiten limitar la cantidad de secreciones de las glándulas sudoríparas, por ejemplo.

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