Alopecia medicamentosa

Ciertos tratamientos médicos pueden producir una pérdida de cabello como efecto secundario. En este caso se habla de alopecia medicamentosa, un fenómeno cada vez más frecuente.

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Contenido

¿Qué es la alopecia medicamentosa?

Desgraciadamente, algunos medicamentos pueden tener efectos desastrosos en la salud y la belleza del cabello. Si pensamos en ello, enseguida nos vienen a la cabeza los tratamientos fuertes contra el cáncer como la quimioterapia, conocida por causar la pérdida de distintas estructuras capilares como el cabello y el vello corporal. Sin embargo, no es ni mucho menos la única. Tomar otros tratamientos más comunes también puede ser una causa de alopecia medicamentosa.

Los especialistas distinguen tres principales categorías de caída del cabello medicamentosa:

  • Una pérdida de cabello difusa que se produce entre 2 y 4 meses después de iniciar el tratamiento y totalmente reversible en cuanto se suspende.
  • El efluvio anágeno, que provoca una caída brutal con alopecia difusa, pudiendo afectar al 80% del cabello. Se produce principalmente tras la administración de tratamientos contra el cáncer (quimioterapias o exposición de la cabeza y el cuello a radioterapia).
  • Una pérdida de cabello debido a la ingesta de tratamientos androgénicos que puede agravar los casos de calvicie y cuya caída es irreversible.

¿Cuáles son los medicamentos y tratamientos disponibles para la alopecia medicamentosa?

Los anticonceptivos hormonales también pueden contribuir a la caída del cabello. Como se ha demostrado en diversos casos, el hecho de dejar la píldora y la caída del cabello están correlacionados. La interrupción de ciertos anticonceptivos ejerce un efecto positivo en la calidad del cabello, mientras que otros tipos pueden provocar una pérdida difusa del mismo. La caída no se produce de manera localizada en ciertas zonas del cráneo, sino que se extiende por todo el cabello. Pero otros tratamientos también pueden causar alopecia medicamentosa. Los principales grupos de medicamentos con los que hay estar atentos son los anticoagulantes, los antidepresivos, los anticonvulsivos, los antihipertensivos, algunos antiinflamatorios, los tratamientos para la tiroides, los betabloqueadores, ciertos tratamientos contra el colesterol, los medicamentos que contienen litio y los retinoides.

Si va a tomar un nuevo medicamento, siempre conviene preguntar a su médico sus efectos secundarios conocidos.

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