Acné fúngico

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Granos persistentes, rojeces, comezón intensa… Pero, a pesar de los tratamientos antiacné, ¿nada funciona?
¿Te preguntas si los granos están relacionados con el acné o podrían ser otra cosa? Haces bien de plantear esta pregunta: es posible que sufras de acné fúngico. 
 
El acné fúngico suele ser difícil de identificar por su gran parecido al acné clásico. Pero, a diferencia del acné clásico, causado por bacterias y exceso de sebo, el acné fúngico se debe a la proliferación de un hongo denominado Malassezia, que está presente de forma natural en la piel. 
Así pues, ¿cómo saber si realmente tienes acné fúngico? ¿Cuáles son los signos característicos del acné fúngico? ¿Cuáles son los tratamientos adecuados en un caso así?
En este artículo, te ayudamos a ver las cosas con mayor claridad.

Síntomas del acné fúngico

Los síntomas del acné fúngico suelen parecerse a los del acné común, aunque algunos signos distintivos pueden darte una pista. En concreto, puedes observar:

Acné fúngico en el lado del rostro
  • Granos rojos de tamaño uniforme y a menudo agrupados: a diferencia del acné clásico, con granos a menudo de diferentes tamaños, el acné fúngico se manifiesta en forma de pápulas (pequeñas protuberancias rojas) y pústulas (protuberancias con pus) de tamaño uniforme (1-2 mm) y agrupadas, con un consiguiente aspecto granulado.
  • Comezón intensa: este es el síntoma más revelador. El acné fúngico suele producir prurito. En otras palabras, ¡pica mucho! Así que si tus granos te irritan hasta el punto de querer rascarte, esto debería llamarte la atención. 
  • Zonas específicas afectadas: el acné fúngico aparece con frecuencia en zonas como la parte superior de la espalda, el pecho, los hombros y, en ocasiones, en la barbilla y los lados del rostro. A diferencia del acné común, afecta con menos frecuencia al centro del rostro (frente y nariz).
  • Resistencia a los tratamientos antiacné: si los granos persisten a pesar de los tratamientos antiacné (como antibióticos) o empeoran, puede tratarse de acné fúngico. Los antibióticos, al alterar la microbiota cutánea, pueden favorecer la proliferación del hongo Malassezia, responsable de esta afección. 

¿Cuándo reaccionar? Si los granos persisten, pican y suelen aparecer tras periodos de mayor sudoración (como después de hacer ejercicio o en ambientes cálidos y húmedos), hay que plantearse la posibilidad de que se trate de acné fúngico. En ese caso, definitivamente es hora de concertar una cita con tu dermatólogo.

Factores de riesgo y predisposiciones

A diferencia del acné clásico, a menudo relacionado con las fluctuaciones hormonales, el acné fúngico se debe a la proliferación excesiva del hongo Malassezia, presente de forma natural en la piel.
Diversos factores de riesgo pueden contribuir a su aparición o agravar los síntomas. Destacan:

  • Piel grasa: Al hongo Malassezia le encanta el sebo. 
  • Sudoración excesiva: un ambiente cálido y húmedo, como los climas tropicales o la sudoración intensa después del ejercicio, crea un caldo de cultivo para la proliferación de Malassezia en la piel.
  • Humedad asociada a la fricción: la ropa ajustada, la transpiración excesiva o las zonas restringidas también son condiciones favorables.
  • Tratamientos antibióticos prolongados: cuando ya hay acné fúngico o se está desarrollando, los antibióticos recetados para tratar el acné bacteriano alteran la microbiota cutánea al eliminar las bacterias beneficiosas. Este desequilibrio favorece la proliferación de Malassezia, responsable del acné fúngico. Resultado: ¡este tipo de acné puede aparecer, empeorar o coexistir con el acné común! Por lo tanto, requiere un cuidado adecuado.
  • Corticosteroides (aplicados localmente o tomados por vía oral): estos tratamientos pueden debilitar las defensas naturales de la piel, lo que favorece la aparición de acné fúngico. En términos más generales, cualquier situación en la cual el sistema inmunitario se vea debilitado (por una enfermedad, fatiga crónica, tratamientos médicos, etc.) aumenta el riesgo de padecer acné fúngico.
  • Una rutina de cuidado de la piel inadecuada, como el uso de productos demasiado ricos en aceites o ingredientes comedogénicos, puede alterar el equilibrio de la microbiota cutánea y favorecer el crecimiento de Malassezia.

Tratamiento del acné fúngico

El acné fúngico puede parecer difícil de tratar, pero ten por seguro que, con el tratamiento adecuado, se puede remediar. 

El acné fúngico suele tratarse con medicamentos antimicóticos orales recetados, como ketoconazol o fluconazol. Los medicamentos antimicóticos, administrados por vía oral, actúan directamente sobre el hongo Malassezia al bloquear su proliferación. Se recomiendan sobre todo cuando los síntomas persisten o abarcan zonas extensas, como la espalda, el pecho o los hombros(1)

Además, se pueden aplicar cremas o lociones tópicas antimicóticas de forma local para tratar las lesiones y prevenir su reaparición. Estos tratamientos tópicos son útiles para casos más leves o en combinación con un tratamiento oral para mejorar su eficacia(1)

En caso de acné fúngico junto con acné inflamatorio, se necesita un enfoque combinado(1):

  • Los antifúngicos orales o tópicos combaten el hongo Malassezia, responsable del acné fúngico. 
  • Los tratamientos convencionales contra el acné actúan sobre las bacterias asociadas al acné clásico.

La combinación de estos dos enfoques permite tratar tanto las causas fúngicas como las bacterianas y maximizar su eficacia.

Por lo tanto, consulta con tu dermatólogo lo antes posible: él podrá orientarte para adaptar el tratamiento a tus necesidades específicas.

Consejos para prevenir el acné fúngico

El acné fúngico suele aparecer cuando la piel permanece húmeda o transpira intensamente.

Para prevenirlo, es fundamental mantener la piel limpia y seca:

  • Después de practicar deporte o cualquier actividad física, cámbiate rápidamente y sécate bien, con especial atención a las zonas propensas al roce (espalda, hombros y pecho).
  • Usa ropa holgada y transpirable, de algodón o materiales naturales, para minimizar la fricción y la acumulación de calor. Evita la ropa demasiado ajustada o de materiales sintéticos, ya que favorecen la transpiración. 
  • Limpia la piel por la mañana y por la noche con un gel limpiador espumoso, diseñado especialmente para la piel grasa o con tendencia acneica. Evita los jabones agresivos que pueden alterar la barrera cutánea natural. También tómate el tiempo necesario para secar suavemente la piel después de lavarla, sin frotar. 
  • Elige un hidratante no comedogénico que también sea adecuado para la piel grasa o con tendencia acneica. 
  • Recuerda cambiar las toallas y fundas de almohada asiduamente (lo ideal es cada 2-3 días). Elige tejidos suaves fabricados con materiales naturales (algodón, seda, etc.). 
  • Evita los ambientes cálidos y húmedos, como spas, salas de vapor o jacuzzis, que son un caldo de cultivo para hongos como Malassezia

Sources :  

(1) Rubenstein, R., & Malerich, S. (2014). Malassezia (pityrosporum) folliculitis.. The Journal of clinical and aesthetic dermatology, 7 3, 37-41. 

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